El crimen de Luis Espinoza se convirtio en un hecho que marcara la historia de la provincia, no solo por la muerte del trabajador en si mismo, sino por que nos muestra el lado oscuro de una fuerza del orden en la que se pensaba que los metodos de desaparicion forzada de personas seguidas de muerte ya no formaba parte de sus procedimientos.
La fiscala Mónica García de Targa dio un paso fundamental en la polémica causa que tuvo trascendencia internacional. Tiene pruebas suficientes para entender que 10 de los 11 detenidos tuvieron algún tipo de participación en el crimen de Luis Espinoza. Por ese motivo, solicitó que se les dicte la prisión preventiva por un año, planteo que deberá ser resuelto por el juez Mario Velázquez, detalla el Diario La Gaceta. La investigadora tiene aún tiempo para resolver la situación de Álvaro González, el último detenido. Sin embargo, la acusación en su contra será mucho menor, puesto que no estuvo en el momento del crimen.
En las ultimas horas trascendieron pormenores de la causa de un crimen que no deja de sorprender por sus escalofriantes detalles
La fiscala describió cómo se produjo el operativo irregular que terminó con el crimen. Abriendo camino, en una motocicleta Honda Tornado, se dirigían a Melcho Claudio Zelaya y Rojas González. Por detrás, en una Renault Kangoo, iban el oficial principal José Morales, Víctor Salinas, Carlos Romano, Miriam González (propietaria del vehículo) y el vigía Fabio Santillán. Y, cerrando la caravana, en un Fox Cross, el subcomisario Rubén Montenegro y los agentes René Ardiles y José Paz.
Según la teoría de la fiscalía II de Monteros, Zelaya comenzó a disparar con su escopeta cargada con postas de goma en contra de los hermanos Luis y Juan Espinoza, que andaban a caballo, intentaron escapar hacia el norte cabalgando. Los policías los persiguieron hasta alcanzarlos en un campo cercano, tras cruzar una tranquera. Allí, aprovechando la caída de Juan Espinoza, Zelaya, González Rojas y Miriam González le dieron una feroz golpiza, tal como quedó demostrado en el examen médico realizado al sobreviviente tres días después de haberse producido el hecho.
“Ante el grito desesperado de Luis Espinoza para que dejen de golpear a su hermano, Morales apuntó con su arma reglamentaria marca Jericho a la humanidad de Luis, que se encontraba a una distancia de unos 10 metros aproximadamente y, con claras intenciones de causarle su muerte, realizó un disparo directo que impactó en el espacio intercostal izquierdo de la víctima”, se puede leer en una de las imputaciones que realizó la fiscala.
García de Targa señaló que todos -en un futuro podrá identificar con mayor precisión quiénes- arrastraron el cuerpo de Espinoza hasta un monte ubicado a unos 15 metros del camino donde fue el ataque. Espinoza presentaba escoriaciones en el estómago, lo que probaría esa hipótesis. “Lo hicieron sin saber si se encontraba con vida, privándolo de recibir asistencia médica”, planteó la investigadora, detalle que complica la situación de los efectivos detenidos.
Además, sostuvo que luego González Rojas se fue raudamente y que Ardiles, Paz, Romano y Salinas se encargaron de realizar tareas de vigilancia en distintos sectores de la zona para que nadie descubriera lo que estaba ocurriendo en el monte, en tanto que Villavicencio se encargó de mantener privado de su libertad a Juan Espinoza, con las manos esposadas para que no viera lo que sus cómplices estaban haciendo.
La teoría de la fiscalía sostiene además que González Rojas regresó al lugar en una camioneta Chevrolet Silverado que era conducida por Álvaro González, en la que transportaba una bolsa de gran tamaño. El primo del policía, que era aspirante de la fuerza, no habría estado al tanto de lo que había sucedido.
Sin que se haya identificado aún quiénes desarrollaron esa tarea, colocaron el cuerpo de Espinoza y luego lo cargaron en el VW Fox de Montenegro. Luego todos se marcharon. Recorrieron pocos metros y se detuvieron donde se encontraba el hermano de la víctima. Allí le quitaron las esposas y lo liberaron sin darle explicaciones.
“Con intenciones de ocultar el hecho y garantizar su impunidad todos ustedes se trasladaron hasta la comisaría de Monteagudo, ingresando el cuerpo de Espinoza al patio de la dependencia policial. Todos ustedes procedieron a sacarle la ropa y envolver el cuerpo en una colcha color gris clara y un plástico color negro de un lado y blanco del otro para proceder a atarlo con cables, unos trozos de soga y por último con cinta de embalar”, se detalló. En el trayecto, según las versiones, se habrían detenido al menos en una oportunidad a conversar con vecinos de la zona, pese a que llevaban el cadáver.
Luego, siempre de acuerdo a la teoría de la fiscalía, volvieron a cargar el cuerpo de Espinoza en el auto del comisario para realizar un último viaje. La fiscala García de Targa también planteó que el cuerpo fue trasladado en el vehículo de Montenegro hasta Catamarca. Según su teoría, el auto era conducido por el subcomisario, quien estaba acompañado por Morales, González Rojas y Zelaya. Todos arrojaron el cuerpo a 400 metros de La Banderita, ya en territorio catamarqueño.
Terrible.