Habrían confesado los policías en Monteagudo

Los efectivos habrían confesado ante la fiscal García que el cuerpo del hombre desaparecido desde el viernes fue arrojado sin vida en la zona de Alpachiri, afirma Carlos Rosznercky en su portal de noticias en facebook, al decir de las fuentes consultadas por el periodista. “Desde un principio dijimos que había sido víctima de un homicidio por un gravísimo hecho en el que están involucrados policías”, aseguró Cintia Campos, abogada de la familia de la víctima.

Para los investigadores y para la Fiscala de la causa practicamente no hay duda alguna sobre la autoria de los policias sobre la desaparición y muerte de Luis Espinosa. Esta certeza estaria fundada en los resultados de las investigaciones pero fundamentalmente en el testimonio de los policias que esta madrugada declaraban ante la justicia. Los policias habrian manifestado que Espinosa estaria muerto siendo los responsable de este hecho los efectivos de la Comisaria de Monteagudo. Uno de ellos habria realizado el disparo y cuatro de ellos se pusieron de acuerdo para esconder el cuerpo, manifesto la fuente consultada.

Todo habria comenzado cuando el comisario Sergio Bazán se habría comunicado con el personal de la comisaría de Monteagudo para informar que se estaba por desarrollar el encuentro clandestino. El subcomisario Rubén Montenegro convocó al oficial José Morales, los sargentos René Ardiles y Víctor Salinas; los cabos Claudio Zelaya y Miriam González; el agente Esteban Rojas González y el vigía ciudadano de la comuna, Sergio Santillán, para ir hasta el lugar. Desde ese momento, según consta en el expediente, habrían comenzado a producirse las presuntas irregularidades, ya que en el libro de guardia, donde se deben dejar asentadas todas las novedades, no se habrían dejado registros acerca del procedimiento que iban realizar ni tampoco de quiénes lo llevarían adelante. Los efectivos habrían concurrido vestidos de civil y en autos particulares, publica hoy La Gaceta.

Los policías habrían explicado que, al llegar a Melcho, se generó un desbande. También habrían informado que desconocidos habrían realizado disparos con armas de fuego, versión que no fue documentada. Tampoco recogieron pruebas para demostrarla. Varias personas declararon en la Justicia que los efectivos llegaron al lugar gatillando al menos la escopeta con postas de goma. En el revuelo, se toparon con Juan Espinoza, que intentaba escapar. Al llegar a un potrero, se cayó y, aprovechando ese momento, los efectivos lo habrían agredido. Su hermano Luis, al ver lo que estaba sucediendo, fue a defenderlo, pero también habría sido atacado por los policías. “Juan contó que él les gritó a los efectivos que dejaran a Luis, pero lo llevaron para un monte. No lo volvió a ver más, sólo escuchó unos tiros”, explicó Lorena Espinoza, hermana de los dos trabajadores rurales. 

Familiares y vecinos, por temor a sufrir represalias, decidieron buscar por su cuenta al desaparecido. “Al no tener resultados, los parientes decidieron realizar la denuncia en la comisaría. Los atendió Montenegro, que ahora está detenido por el hecho, y les avisó que sólo podía emitirles una constancia porque no había pasado el tiempo suficiente para darlo como extraviado”, explicó Campos. La profesional informó que el sábado al mediodía volvieron a reclamar por su paradero y amenazaron con tomar medidas, por lo que les tomaron la denuncia. “Pero lo más grave del caso es que recién comunicaron lo sucedido a la Fiscalía ese día a las 16, es decir, casi 24 horas después de haberse producido el hecho”, relató la letrada. Los policías, confirmaron fuentes judiciales, le habrían contado otra versión a la fiscala Mónica García de Targa: creían que Luis Espinoza había robado el dinero acumulado de las apuestas de las carreras cuadreras y por eso se había ocultado en los montes. “Esa descabellada teoría generó malestar en la Fiscalía”, aseguró una fuente judicial.

Los hombres de la Dirección General de Investigaciones y del Equipo Científico de Investigación Fiscal, cuando comenzaron a indagar el hecho, coincidieron en una percepción: los pobladores de la zona y los testigos tenían miedo. “Estaban aterrorizados porque sabían que en el hecho estaban involucrados los policías del lugar. Se les ofreció garantías y comenzaron a hablar”, explicó una fuente policial. Luego de contar con esos testimonios, recomendaron a la fiscala que pidiera la detención de todos los efectivos y del vigía que habían participado del operativo. Durante el miércoles a la mañana se concretaron los arrestos y los secuestros de cuatro vehículos. El cerco sobre los sospechosos comenzaba a cerrarse.

La sección Caballería tiene una perra que se llama Wanda. Es un can entrenado para la búsqueda de personas. Y el miércoles por la noche se transformó en la figura de la investigación. El animal marcó una Kangoo Roja (sería propiedad del agente González Rojas) y un Volkswagen Fox (que pertenecería al comisario Montenegro) de los cuatro vehículos que examinó. Los peritos encontraron en el utilitario rastros que serían de sangre; mientras que en el otro auto encontraron muestras biológicas. Con esos indicios, la situación procesal de los detenidos se complicó sustancialmente. Por la noche, el agente Ardiles y el cabo Paz decidieron romper el silencio y declararon lo que sabían en la Justicia. Fuentes policiales dijeron que su decisión habría generado mucho malestar en sus compañeros, quienes, inclusive, habrían intentado agredirlos.

 

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